SOY UN PINCEL
Juan Mas no es académico. Es posible que jamás haya pisado una facultad de Bellas Artes y desde luego no ha estudiado a las órdenes de un maestro. Y sin embargo nos encontramos ante un artista con mayúsculas, tan singular en su trasfondo creativo como plural en la variedad de formas y temas.
En este breve comentario hablaré de eso, del fondo, la forma y la temática de un artista tan inclasificable como original.
El fondo de Juan Mas es el color. Hablo de todos los colores. Es mi modesta opinión. Matisse admitió aquí su supremacía frente a la mayor habilidad formal de Picasso. Y desde esta perspectiva el francés se hizo el rey de los colores del siglo XX, dejando la geometría al pintor malagueño. A Mas le pasa un poco así. Le gusta el color, expresa mejor su universo recurriendo al color. Usa frecuentemente el amarillo en sus inefables mediodías con un sol fantasmagórico sobre un mar igualmente abstracto. El rojo vale tanto para sus abundantes labios, sus inquietantes ocasos marinos o sus contornos plenos de energía. Es el color con el que transmite su fuerza interior y estabiliza formalmente algunas de sus composiciones. El verde en cambio aporta un marco más esperanzador donde se admite el sosiego. A veces un sosiego triste, como en su Despedida. Con el azul alcanza su plenitud creadora. Aun a riesgo de parecer pretencioso me atrevería a afirmar que, si bien hay muchos cielos, los de este alménense son EL CIELO. Un cielo sobre ciudades imposibles que flotan sobre un mar igualmente indefinible. Un cielo que nos envuelve y nos saca de la "realidad". Siete mares, obra etérea y sintética, es un buen ejemplo del uso de este color en consonancia con otros de su universo cromático. El faro, en cambio, es un buen indicador de las posibilidades y la fuerza del azul cuando se alía convenientemente con el blanco y el rojo. Entre el blanco y el negro, Mas establece una variada gama de ocres que representan oscuridades en paisajes y almas. Desde aquel malogrado Planta baja a sus interiores, algunas de sus abstracciones o sus bodegones, este pintor recrea espacios abismales, miradas confusas, vacíos y perdiciones. En estas ocasiones suelen aparecer igualmente los violetas. Violetas sucios y degradados.
Este artista alcanza un gran perfección formal en su obras "cubistas". A veces Mas se aleja de la abstracción para hacerse más preciosista, más preciso formalmente. Llega a rozar entonces la vulgaridad de muchos "artistas de verdad" para hacer algo que otros ya han intentado y conseguido. Esta es la parte de este original pintor que personalmente menos me interesa. Sólo se salva porque en el último instante y de forma casi milagrosa se impone el niño que lleva dentro, aparece ese toque tortuoso, casi infantil, deliciosamente inexplicable.
Desde la perspectiva de la temática destacamos distintas etapas o grupos que a veces se presentan entremezclados. Un primer grupo lo componen sin ningún género de dudas su cuadros marinos. Luego tenemos en una posición igualmente destacada sus cuadros mitológicos, que tienden a la abstracción invariablemente. El pintor puede adoptar una perspectiva naif al enfrentarse a ellos. También encontramos cielos (cómo no), paisajes terrestres, retratos y bodegones. Otro elemento a destacar a lo largo y ancho de su obra es la mirada del pintor a través de las miradas en sus cuadros. Ojos y labios como ojos. Ojos que besan y labios que miran. Tantas miradas como mundos, posibles e imposibles. Su obra, en fin, refleja situaciones y sentimientos tratados siempre con la ancha, acogedora y sabia sonrisa de este artista de fondo.
Juan Mas no es un artista académico, pero su genio creativo responde a cualquier duda que se pudiera tener sobre su arte. Mas funciona con reglas que van más allá de lo académico y que sólo se pueden intuir recorriendo las mágicas y misteriosas sendas que propone en sus trabajos.
Sergio Puga Jiménez
Desde la admiración...
Surgen estas palabras desde la admiración y el respeto a un artista que se hace cada día. Cual terapia inmersa en sus espirales embrionarias. Siempre naciendo, en movimiento, tendiendo al infinito, como un poeta -incomprendido- se abre en abanico de colores, escapando, y siempre ojo crítico.
Bipolar, luz, fuego, el agua. Azul sobre rojo, y el sol destelleante en la estela gris de un mar de plata.
Su pintura de trazo rítmico, nervioso, captando el cromatismo de esos veleros ondeantes con la belleza sublime del color que se compone en su mente.
Una puerta siempre abierta, invitando a pasar y descubrir su mundo de serenidad, asombro, miedos, inseguridades, reflejos del mundo que le rodea, cóctel bien contenido en los lilas y naranjas de una copa disipada.
Nunca estancado, siempre en evolución, en ebullición, innovando en materiales, en técnica, componiendo un colage en su vida y en su obra.
Un placer, estimado Mas, poder seguir tu evolución y enriquecernos con tu sencillez y grandeza; adornando nuestras vidas con las pantallas de luz que derrochas en cascadas y regalas a cuantos te conocemos.
Josefina Manzano












